EcoLaMancha

diciembre 3, 2007

EL LOBO IBÉRICO

Filed under: FAUNA — miguelangelgallego @ 8:58 am

Autor: Fernando Benito Álvarez

El lobo ibérico (Canis Lupus signatus, Cabrera 1907) pertenece al orden Carnívoro y a la familia Canidae.

No existe otra especie que haya estimulado de tal forma la imaginación humana, ni que haya generado tan vasta cultura de mitos, cuentos y leyendas. Ningún otro animal ha provocado tanto terror, odio y a la vez admiración, y a ningún otro se le han atribuido tan fantásticas cualidades como al lobo.

Es precisamente esta carga mitológica con la que le hemos rodeado la causa de que a pesar de ser una especie estudiada intensamente, y de que los resultados de estas investigaciones se encuentren a disposición del público en numerosas publicaciones siga primando entre nosotros la superstición ante la ciencia, la pasión ante la razón.

Hemos deformado esta especie hasta el punto de que las diferentes opiniones sobre su situación, problemática y gestión se defienden con exagerada pasión, a veces con tal nivel de tozudez que se imposibilita el debate y las posturas se llegan a radicalizar hasta el punto de impedir que los sectores implicados e interesados en su manejo lleguen a acordar las medidas necesarias para conseguir la conservación más efectiva de la especie y a la vez que esta suponga la menor conflictividad posible para la población humana que con ella tiene que convivir.

POSICIÓN TAXONÓMICA DEL LOBO

Dentro de la familia Canidae se reconocen en la actualidad treinta y cinco especies englobadas en diez géneros, de ellas, amén del perro doméstico (Canis familiaris) , dos de sus miembros (en este caso salvajes) están presentes en nuestro país: el lobo (canis lupus) y el zorro (Vulpes vulpes)

El lobo (canis lupus) ocupaba originalmente hábitats muy dispares en una vasta área de distribución del hemisferio norte (por encima del paralelo veinte) incluyendo por entero el continente Norteamericano, Eurasia y Japón. Debido a ello y a su alta capacidad de adaptación, la especie muestra grandes variaciones en el tamaño, peso y color del pelaje.

La posición taxonómica del lobo ha estado y está expuesta a un importante debate a causa de las variaciones fenotípicas. Mech (1974) describió una total de 32 subespecies: 24 en la región Pleártica y 8 en la Neártica. Esta clasificación fue ampliamente aceptada por la comunidad científica; sin embargo, algunos autores (Petrucci-Fonseca, 1990) consideraban que en Eurasia existían condicionantes suficientes para diferenciar un número superior de subespecies.

En 1995, en base a estudios de medidas craneales, el número de subespecies norteamericanas fue reducido a cinco. En Europa recientes análisis del ácido desoxirribonucleico mitocondrias (ADNm) muestran como resultados preliminares la existencia de seis únicos genotipos repartidos en siete áreas diferentes, sugiriendo que las poblaciones europeas formaban una clima perfectamente estructurada. No obstante, el pequeño tamaño de algunas de sus poblaciones puede estar favoreciendo procesos de deriva genética y la fijación de genotipos exclusivos en poblaciones geográficamente aisladas.

Para una gran parte de los científicos la forma canis lupus signatus Cabrera, 1907 es sinónima de Canis lupus lupus Linnaeus, 1758, pero la totalidad de los expertos españoles y portugueses reconocen al lobo ibérico como subespecie perfectamente diferenciada del resto. El lobo Ibérico( Canis lupus singatus) es la única subespecie existente en la Península Ibérica, aunque Cabrera describió en 1907 otra relegada a la región murciana a la que denominó Canis lupus ditarnus, más pequeño, ligero y rojizo. El hecho de que su determinación fuese realizada a partir de un reducido número de ejemplares mantenidos en cautividad y de que en esa época aún existiera en la misma zona el Canis lupus signatus, ha provocado que la mayoría de los científicos no acepten que pudo existir una subespecie levantina.

DESCRIPCIÓN

El lobo es un carnívoro de gran porte (el mayor presente en Europa tras el oso pardo), y es el cánido salvaje de mayor tamaño existente en la actualidad.

Su cabeza es relativamente grande, alargada, con un gran desarrollo de los maseteros y el hocico igualmente largo.

Sus orejas, rígidas, son relativamente pequeñas, los ojos frontalizados y de color ambarino muestran una inserción oblicua respecto al hocico (aspecto achinado).

De su cráneo llama especialmente la atención el gran desarrollo de la cresta sagital. La dentición de los cachorros está compuesta por 28 piezas, la definitiva (que aparece hacia los seis meses) consta de 42 piezas con la muela carnicera(M1) particularmente poderosa.

Su aspecto general recuerda a ciertas razas de perros domésticos (pastor alemán) pero de cuerpo más estilizado, el pecho más estrecho y hondo, los miembros más comprimidos y las almohadillas plantares más desarrolladas. El vientre es voluminoso debido a un gran desarrollo del estómago, desarrollo necesario para ingerir y digerir grandes cantidades de carne. La región anterior del cuerpo está bien desarrollada y la lumbar, fuerte, redondeada y ligeramente encorvada. Los miembros anteriores son ligeramente mayores que los posteriores. La cola poblada, algo más oscura que el resto del cuero, y cuando cuelga llega a los corvejones.

Nuestros lobos muestran unas dimensiones intermedias ente los grandes lobos norteños y las subespecies más sureñas, y el nombre subespecífico que le asignó Cabrera en 1907 (signatus = señalado) se debe a la mancha alargada y más oscura que presentan en la parte anterior de las patas delanteras. Su color es básicamente pardo aunque con notables variaciones individuales que van desde el pardo negruzco al rojizo. El pelaje de invierno es más denso y grisáceo, mientras que en verano es más rojizo y escaso por lo que en esta época muestra un aspecto achacalado. Su peso y tamaño depende del sexo y la edad, los machos adultos pesan alrededor de 35 kilos mientras que las hembras muestran unos pesos medios d 30 kilos. El peso medio de 182 lobos analizados por varios expertos (Barrientos,2000) resultó de 34 kilos para los machos y de 28 para las hembras; lobos muestos por caza y atropello en la provincia de Zamora entre 1993 y 1999 arrojaron unos pesos medios de 34,93 kilos en los machos y 30,40 kilos en las hembras (datos propios). En Portugal se han pesado machos de entre 20 y 40 kilos y hembras de entre 20 y 36 kilos (Petrucci – Fonseca,1990). Hay que tener en cuenta que una mayoría de los lobos muertos por causas humanas son individuos subadultos.

DISTRIBUCIÓN

Su área actual de distribución se encuentra muy reducida respecto a la original a causa de la persecución deliberada por parte del hombre, la modificación del hábitat y la rarificación de las presas salvajes. En el siglo XVIII estaba presente la totalidad de los países europeos a excepción de Gran Bretaña e Irlanda. A lo largo del pasado siglo y especialmente durante los años que siguieron a la II Guerra Mundial, el lobo fue exterminado en la mayoría de países del centro y el norte de Europa. En los años sesenta el lobo presentaba una distribución semejante a la actual aunque con poblaciones menos densas en Portugal, España, Italia, Grecia y Finlandia, y más numerosas en los Países del Este.

En los últimos veinte años la especie ha experimentado una notable mejoría en muchas partes de Europa, recolonizando de forma natural ciertas zonas de Francia, Alemania, Suecia, y Noruega.

Actualmente las poblaciones más extensas se encuentras en los Países del Este, particularmente en Rumania, en la región Báltica y Polonia. Las áreas ocupadas en el centro y oeste de Europa, básicamente se corresponden con áreas montañosas con baja densidad humana y que soportan unos agrícolas y ganaderos extensivos, la distribución es muy irregular y las poblaciones se encuentran aparentemente aisladas unas de otras (Península Ibérica, Escandinavia e Italia/Francia).

El número total de lobos que viven en Europa es relativamente alto, aunque sólo seis países mantienen más de 1.000 ejemplares, entre ellos España.

En España el lobo ha sufrido una importante regresión en los dos últimos siglos. A mediados del siglo XIX parecía ser un animal relativamente abundante en la práctica totalidad del territorio peninsular (al menos eso de muestra las capturas declaradas ante los ayuntamientos de diferentes provincias).

El profesor Valverde (1973) estimó, en base a los datos aportados por Madoz en su Diccionario geográfico –estadístico-histórico de España, que a mediados del siglo XIX el lobo únicamente faltaba en la línea costera de Cataluña, <>.

Los datos de la época indican que la retracción del área fue un proceso lento que se agudizó el la última década del pasado siglo y en las dos primeras de éste (un proceso común experimentado por toda la gran fauna española). La generalización en el uso de las armas de fuego y sobre todo del veneno (los lobos desaparecieron en 1910 de Sierra Nevada tras una intensa campaña de envenenamiento), provocó que en los años setenta mostrara una situación bastante crítica.

HÁBITAT

Originalmente el lobo ocupaba amplias extensiones tanto en Eurasia como en Norteamérica en las que se incluyen una gran variedad de hábitats. El lobo es una especies muy adaptable y capaz de ocupar una amplia variedad de medios; su presencia o ausencia en un área determinada parecer condicionada por la actitud humana y la disponibilidad de alimento. Si no sufre un severo acoso por parte del hombre y a la vez la comida no escasea, el lobo puede subsistir en prácticamente cualquier parte. Como prueba de su plasticidad podemos apuntar que en la zona más árida de Almería, en el Alquian, en pleno diciembre y a orillas del mar, los Reyes Católicos mataron un lobo con lanza.

REPRODUCCIÓN

En la península Ibérica normalmente sólo se reproduce la pareja alpha (la formada por los individuos dominantes de cada sexo) por lo que se registra una camada por grupo, no obstante en otras regiones del planeta de existir una alta disponibilidad de alimento en primavera, como a veces ocurre en ciertas zonas de Norteamérica, pueden darse varias camadas en un mismo grupo.

Por otro lado no todos los grupos se reproducen. En el norte de Portugal en el 17% de las alcateas (nombre con el que se denomina en este país a las manadas) no pudo comprobarse la presencia de cachorros (Moreira et al. 1997). En España, del total de grupos estimados por Blanco et al (1990), se constató la reproducción en el 79%, en el 21% restante no pudo asegurarse la cría. Aunque en ambos casos puedan existir diferencias con el éxito de cría real, éstas deben ser pequeñas ya que los nuevos individuos suelen ser de fácil detección. En un estudio realizado en el nordeste de Minnesota (Fritts y Mech, 1981) se obtuvieron cifras similares, el 19% de los grupos no se reproducían.

El Oestrus, que dura entre cinco y siete días, tiene lugar a finales de invierno y las cópulas a lo largo del mes de marzo, tras dos meses de gestación (entre sesenta y sesenta y tres días) ocurren los partes.

En España se dan diferencias en la fecha del parto en función de la latitud; así en Sierra Morena los partos pueden ocurrir casi un mes antes que en la Cordillera Cantábrica. Esto mismo ocurre en otros países europeos, pero no así en Norteamérica donde al parecer la influencia en el atraso o adelanto de los partos parece ligada a la longitud. Las hembras pueden reproducirse antes de cumplir el año pero lo común es que no lo hagan hasta los dos años de edad, aunque la plena madurez sexual no se alcanza hasta los cinco años.

El tamaño medio de la camada en España es entre 5 y 6 cachorros. Evidentemente el número de crías por parto depende de la edad de la loba y de su estado fisiológico: alumbran más cachorros las hembras adultas y las bien alimentadas. Aunque se han llegado a observar camadas de hasta 12 lobeznos (Blanco et al. 1990), el número de cachorros por parto en condiciones normales parece estar entre tres y siete. La media en el número de crías por camada estima por diferentes expertos de acuerdo con sus análisis ( que incluyen observaciones directas e informaciones recopiladas de camadas capturadas).

MORTANDAD Y LONGEVIDAD

En España las causas fundamentales de mortandad son directa o indirectamente generadas por el hombre y dos parecer los períodos más críticos para los lobos: durante su primer año de vida, y ente los tres y cinco años de edad.

De acuerdo con los resultados obtenidos por Valverde e Hidalgo (1979) mediante el estudio realizado sobre 104 lobos muertos en España, un 26% tenían menos de un año, un 10% entre uno y dos, y un 32% entre tres y cinco años de edad es del 85,5% (es decir, cada 100 lobos que nacen sólo 14,5 alcanzan los cinco años).

Entre los cachorros se da una tasa de mortandad relativamente alta y parecer relacionada con la disponibilidad de alimento. En un estudio realizado en Norteamérica (Mech et al 1998) en un año de escasos recursos tróficos a los seis meses sólo habían sobrevivido una media de 0,7 cachorros por camada, cuatro años después, con abundancia de presas las manadas tenían de media 5,3 cachorros de seis meses.

Una vez superado el primer invierno, la tasa de supervivencia aumenta sensiblemente. Son individuos subadultos, no han alcanzado la madurez sexual y permanecen en el grupo en el que nacieron. La experiencia adquirida, el conocimiento del territorio de campeo y el amparo de la manada, deben ser las causas de la menor mortandad.

Se desconoce qué mortandad natural experimentan los lobos en nuestro país, pero al parecer ésta es muy inferior a la provocada por el hombre. Según Barrientos (2000), sólo el 3,53% de los lobos muertos en la provincia de Valladolid desde 1975 pereció por causas naturales; sin embargo, según este mismo autor el 68% de lso lobos muetos en Tierra de Campos entre 1985 y 1996 fueron abatidos furtivamente.

Fuente: http://www.fapas.es

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