EcoLaMancha

diciembre 1, 2007

aceite automotriz usado

Filed under: CONTAMINACION — miguelangelgallego @ 12:02 pm

Ecocibao ha seleccionado este documento ecuatoriano, por la importancia de la reflexión que motiva…

¿La contaminación del siglo?

En un accidente del Sistema del Oleoducto Transecuatoriano (SOTE), ocurrido el 26 de febrero de 1998 en la cercanía de Esmeraldas, y clasificado como “mayor desastre que se ha vivido en los últimos tiempos”[1], se derramaron 6.97 millones de litros de petróleo a los ríos y al mar[2].

El 3 de julio se regaron al río Esmeraldas, cerca del sitio del anterior accidente, otros 1.9 millones de litros de crudo[3]. Durante una nueva ruptura del oleoducto, el 14 de julio en el Oriente, se perdieron 1.6 millones de litros del “oro negro” en la naturaleza[4].

Tres lamentables tragedias ecológicas y humanas que fueron tratadas en los medios de comunicación con la debida atención por su alarmante impacto.

En cambio, es una realidad reprimida que en el Ecuador se consumen anualmente 44.5 millones de litros[5] de aceite automotriz (83% de este es utilizado en las cuatro ciudades más grandes) y que la mayor parte de esa cantidad de aceite -después de su uso- es desechado contaminando aguas y tierras.

Pese a que las mencionadas catástrofes medioambientales que ocurrieron este año con el oleoducto son bastante graves -10.47 millones de litros de crudo derramados en los tres accidentes-, la constante contaminación con los lubricantes pasa desapercibida en la conciencia común, cuando en Ecuador podría considerarse la contaminación más grande del siglo.

¿ Se ha preguntado a donde va a parar el aceite quemado de los automotores que cada tres o cuatro meses es cambiado?

Entre las diferentes mecánicas automotrices cada una tiene su propio estilo para deshacerse del líquido negro. En el patio se puede observar un hueco dirigido hacia el alcantarillado, o usan los sumideros de la calle, ensucian la vereda, botan los filtros usados en cualquier sitio. Existen dueños de carros que se meten al campo donde cambian el aceite dejando los desechos en la tierra.

Por otro lado, en nuestro país funciona un mercado informal de aceites usados que capta un porcentaje pequeño del total de residuos que genera el parque automotor, que sólo en Quito rebasa los 200.000 vehículos. Comerciantes recolectan los aceites desde las lubricadoras, estaciones de servicios de gasolineras, mecánicas automotrices, etcétera.

Luego estos aceites son empleados en la ganadería para untar las patas de los animales protegiéndolos contra enfermedades, en la agricultura como plaguicidas, en el tratamiento de maderas contra la destrucción causada por insectos y hongos, en la producción de bloques de cemento como antiadhesivo en los moldes de madera, en la fabricación de tintas de menor calidad para imprentas como materia prima[6], en las lavanderas para la pulverización de los carros y en las carreteras sin capa de asfalto se lo riega para evitar el levantamiento del polvo. Varios de estos usos son igualmente contaminantes.

En la Amazonía las carreteras no pavimentadas regularmente están cubiertas con aceite, una práctica causante de la contaminación del suelo y de las vertientes a través de la lluvia.

Al final de todo, y en la mayoría de los casos, el último destino del producto es el agua, lo que representa una preocupante contaminación medioambiental, cuyo impacto aumenta cada año, en lugar de que instancias del Estado lo hayan evitado desde hace dos, tres o más décadas.

Entidades de gobiernos anteriores hicieron estudios para solucionar el problema. Al parecer, por influencia de grupos poderosos e interesados en no involucrarse en cambios, no se concretizaron los intentos y hasta hoy tenemos el alarmante hecho que los aceites usados terminan en el agua.

Cómplices de una realidad bárbara – una experiencia personal[7]

Por las mañanas acostumbro a pasear con mi perrita a lo largo de la abandonada vía del ferrocarril en Tumbaco. Una cuadra antes de llegar a los rieles, el dueño de una mecánica automotriz ha convertido la intersección de las dos calles en su espacio de trabajo. En cada una de las cuatro esquinas existe un sumidero del sistema de alcantarillado sin tapa. Estos pozos están llenos de aceite automotor usado, adentro flotan viejos filtros, envases de plástico y latas. La capa asfáltica del sector está totalmente manchada por un color negro brillante.

Cada vez que camino por aquel sitio, mi ánimo para empezar agradablemente el día está saboteado, por la indiferencia que reina ahí. Un día, molesto de este negro panorama, denuncié la contaminación en la Comisaría del Municipio.

La mañana siguiente, el sábado 4 de julio, al regresar de uno de mis paseos, observé a un señor estacionar un trailer sin placas junto al parque de Tumbaco. Ubicó el motor exactamente encima de un sumidero del sistema de alcantarillado, para después deshacerse del aceite usado.

Sensibilizado ante el hecho, pero sin saber cómo reaccionar frente a tal actitud y atónito por la desvergüenza del acto, seguí mi camino. Antes de medio día pasé nuevamente por el lugar y observé la misma escena con otro camión.

Tomé tres fotos, enfocando el pozo, dos filtros usados, la parte inferior del carro, y una de las dos placas del camión, las cuales en vez de un número mostraban las palabras “Gran Marcelino”.

Me dirigí a la oficina policial para denunciar la infracción. Pensé que existía la oportunidad de que los gendarmes pudieran sorprender al señor en el acto.

El teniente político, Alfonso Velasco, envió a dos policías para que me acompañaran al lugar de los hechos. Al vernos, el camionero se enojó, me insultó y los uniformados confirmaron que no había infracción alguna, recomendándole que dejara limpia la vereda.

Esa actuación no me satisfizo y regresé con los policías a su oficina, donde ellos informaron al teniente de sus averiguaciones. Pusieron énfasis en que botar el aceite automotor al agua no era ningún delito, minimizaron el asunto con el argumento de que se trataba de aguas servidas. Además, ignoraron mi adicional constatación de que el carro no tenía placas.

Expresé mi desacuerdo sobre la seriedad de su actuación, señalando que ni se preocuparon de averiguar quien era el chofer. Me contestaron que lo conocían, que era un miembro de la familia Castro, dueña de gran cantidad de camiones y buses y que entre los hermanos había miembros de la Policía.

Sin embargo, insistí en que recibieran mi denuncia. Luego de que intentaron disuadirme para que no presentara la denuncia, insistí en que escribieran un informe sobre sus observaciones para fundamentar mi denuncia, si fuera necesario en otro lugar. El sargento me contestó que él era policía y no testigo de una infracción.

No había ningún resultado. El sargento salió y volvió después de un rato en compañía de dos hermanos Castro, el uno era el señor del camión y el otro un capitán de la Policía. Me dijeron que tomar fotos era ilegal, que ellos podrían denunciarme por eso, que yo me encontraba en el plan de hacer daño a uno de sus carros o de secuestrar a una de sus hijas.

Pusieron énfasis en mi condición de extranjero, que averiguarían la legalidad de mi permanencia en el país y, para colmo, el señor del camión me amenazó diciendo: “Si a mi hija le pasa algo, usted no va a encontrar lugar seguro en Ecuador”.

En una hora me había convertido de acusador en acusado. Cuando en un patrullero llegó otro policía, me dirigí a él. Su reacción fue peor, me amenazó con ponerme preso. El teniente político cogió sus cosas y se fue, yo asustado seguí su ejemplo.

En otra cita con el teniente político tampoco conseguí nada. Al contrario, en su visible miedo frente a los policías, me aconsejó que no siguiera insistiendo, porque “la cosa se empeoraría” -según él.

Cuando les conté a mis amigos lo sucedido, la reacción fue unánime: “Pero, echar aceite al agua no es algo grave”. Otra gente dijo, entre ellos el teniente político, “todos lo hacen”. Me asombró el hecho de que a ninguna persona, le parecía algo grave. En primeras consultas, algunas organizaciones ecologistas y medios de comunicación no mostraron interés en el tema. Me encontré solo frente a la ignorancia y con la plena conciencia de que el manejo del aceite automotor usado en Ecuador es una bárbara historia que involucra a cada persona que maneja un carro.

¿No existen formas de recolección responsable?

La población en Ecuador está acostumbrada a deshacerse del líquido negro, regándolo al alcantarillado, a los ríos, a las lagunas o al mar.

Luego de mi primera denuncia, realizada en julio a la Comisaría del Municipio del Valle de Tumbaco, por lo menos una vez por semana me he presentado en esa oficina para mostrar mi preocupación en que se haga algo en el asunto. He logrado poco.

En el caso de la mecánica automotriz, al parecer también propiedad de la familia Castro, inspectores enviados por la Dirección de Medio Ambiente, visitaron el 22 de julio el lugar.

Nueve días después emitieron el Memorando No. 414 DOA98 en el que se reconoce, entre otras cosas, que la mecánica no dispone de un área adecuada para el mantenimiento y cambio de aceite, que estos trabajos se realizan en la vía pública, que existen efluentes líquidos con visible contaminación de aceites y derrames de hidrocarburo en la calle, que esos bajan directamente a los sumideros del sistema de alcantarillado; que los filtros usados son quemados a cielo abierto, que el desecho producido por esta combustión es arrojado al agua en la quebrada Piñan, y que los sumideros de aguas lluvias ubicados en las esquinas formadas por la intersección de las calles Espejo y Sucre se hallan visiblemente obstruidos con residuos sólidos y de hidrocarburos.

La ingeniera Raquel Buitrón y el ingeniero Ormazo, quienes realizaron la inspección, concluyeron identificando que las acciones descritas violan varias disposiciones legales y recomiendan conceder al Sr. Fernando Castro, propietario del taller mecánico automotriz un plazo de noventa días calendarios para la reubicación de su establecimiento, debido a que su funcionamiento en este lugar está prohibido”.

En relación con la realidad encontrada en la mecánica, el informe es suave en su descripción y contemplativo en su recomendación, si se considera que las bases legales existen desde hace tiempo.

Innumerables camiones y buses regarán durante tres meses más su aceite usado al agua, a pesar de que se viola la Ley. Al parecer, hasta que alguien denuncie a cada una de las miles de mecánicas que se encuentran en condiciones parecidas, las autoridades cerrarán los ojos.

Porqué son clasificados estos residuos como peligrosos?.

En la tierra los aceites usados afectan a la fertilidad, y en el agua la película flotante impide el enriquecimiento con oxígeno, indispensable para la vida de los microorganismos y para los procesos de renovación y reactivación. Los animales acuáticos mueren asfixiados por los restos de lubricantes que les tapan sus branquias.

Como derivados del crudo, los aceites contienen una preocupante cantidad de metales pesados, que llegan al cuerpo humano a través de la cadena alimentaria.

¿Qué se puede hacer?

Una manera de presionar el inicio de procesos de solución es aprovechar las posibilidades legales e insistir con denuncias contra los contaminadores, amparados en lo que dispone el artículo 91, inciso 3ro. De la Constitución que dice: “Sin perjuicio de los derechos de los directamente afectados, cualquier persona natural o jurídica, o grupo humano, podrá ejercer las acciones previstas en la ley para la protección del medio ambiente”.

De acuerdo a estudios realizados por la fundación Swisscontact, una de las soluciones podría ser el montaje de una planta de refinación. Sin embargo, en el país de origen de esa fundación, Suiza, la refinación ya no se practica por las grandes cantidades de residuos tóxicos producidos, para las cuales no existía una forma adecuada de un depósito final.

Otra propuesta de Swisscontact es recuperar el 30% del aceite usado durante tres años en una de las ciudades del país y transportarlo a un centro de incineración, por ejemplo a los hornos de una fábrica de cemento, donde el lubricante viejo, mezclado con bunker, serviría como combustible en la producción.

Son los únicos hornos con las temperaturas suficientemente altas para eliminar los aceites viejos. En Suiza, los desperdicios de esta quema se mezclan al hormigón producido.

La situación actual hace urgente elaborar una propuesta global de manejo ecológicamente responsable de los aceites usados a nivel nacional.

Es importante e inevitable vincular a las casas comercializadoras con el proyecto, para que haya el control de que los aceites vendidos sean recolectados.

Hasta ahora, ellos no tienen interés en participar, sin embargo deberían tener la responsabilidad de recolectar el aceite como sucede en otros países. Será igualmente importante asegurar la participación de la población involucrada para garantizar sus derechos de participación en la toma de decisiones.

Si se logra poner en práctica una de las propuestas en este sentido, aparecería en el horizonte parte de una solución provisional al problema, si no, seguirá la contaminación.

¿Qué dicen las leyes?

La Constitución obliga al Estado a tomar medidas orientadas, entre otras cosas, a: “Promover en el sector público y privado el uso de tecnologías ambientalmente limpias…” (art. 89, numeral 1). Le obliga, además, a normar la producción, importación, distribución y uso de aquellas sustancias que, no obstante su utilidad, sean tóxicas y peligrosas para las personas y el medio ambiente (art. 90, 2do. Inciso). Y le manda a tomar “medidas preventivas en caso de dudas sobre el impacto o las consecuencias ambientales negativas de alguna acción u omisión, aunque no exista evidencia científica de daño” (art. 91, 2do. Inciso).

La Ley de Prevención y Control de la Contaminación Ambiental prohibe las descargas a las redes de alcantarillado, aguas residuales que contengan contaminantes nocivos para la salud humana, la fauna y la flora (arts. 16 y 20); obliga al manejo de desechos potencialmente contaminantes sean de procedencia industrial, agropecuaria, municipal o doméstica (Art. 21); y, responsabiliza al Ministerio de Salud la regulación de la disposición de desechos proveniente de productos industriales que, por su naturaleza, no son biodegradables (Art. 25).

(la aparición de empresas que retiran de los talleres el aceite utilizado está ayudando a mejorar la situación, pero faltan mas controles para evitar desagües en la red. Ecocibao)

El Reglamento para el Control de la Contaminación Ambiental relativo al recurso agua (A.M No. 2144, publicado en el R.O. No.204 de 5 de Junio de 1989), prohibe descargas de contaminantes al sistema de alcantarillado público (art. 29).

El Código Municipal en su artículo II.351, literales a) y f), prohibe arrojar basura a las vías públicas, parques, quebradas, cauces de ríos y acequias, lagos y lagunas, terrenos desocupados y similares; y quemar a cielo abierto basuras.

Mirando hacia el futuro

Nadie debería ignorar el problema del destino del aceite automotor usado. Ni el propietario de un vehículo, ni quien produce el lubricante, ni su comercializador. Todos tienen su parte en la responsabilidad. Pero, preocupados por los quehaceres cotidianos o por pura ignorancia, no percibimos la silenciosa destrucción ambiental que avanza sin parar.

Si aún quedan dudas acerca de la gravedad del asunto, hagamos una pequeña comparación: La Empresa de Agua Potable de Quito, EMAAP-Q, produce para el distrito metropolitano anualmente la cantidad de aproximadamente 117.400 mil millones de litros de agua potable. En el mismo lapso, los 15.1 mil millones de litros de aceite automotor usado en Quito tienen capacidad para contaminar a 151.500 millones de litros de agua.

Lo que piensa un dominicano sobre situaciones similares en su país.

  • Estamos muy familiarizados con situaciones muy parecidas.
  • Se avanza muy poco en la exigencia legal, si no se arbitran procedimientos de control policial en los cauces de los ríos que puedan sancionar a los frecuentes infractores



[1] Diario El Comercio del 5 de julio de 1998

[2] 43.848 barriles. Suplemento Blanco y Negro del Diario Hoy del 19 de julio de 1998

[3] 12.000 barriles. Diario El Comercio del 5 de julio de 1998

[4] 10.000 barriles. Diario El Comercio del 15 de julio de 1998

[5] 280.240 barriles. Los siguientes datos numéricos e informativos sobre el destino del aceite automotriz usados son tomados de la presentación del Proyecto para la recolección y disposición final del aceite automotriz usado en el Ecuador de la Fundación Swissconstac y de una entrevista con el Sr. Pablo Torres.

[6] Información de la ingeniera Martha Galarza de la Dirección de Medio Ambiente del Municipio de Quito.

[7] Claude Roulet, ciudadano Suizo que vive hace 9 años en el Ecuador es el autor del documento que sirvió de base para la elaboración de la presente Alerta Verde. Desde joven ha participado activamente en acciones ecológicas y ha realizado investigaciones sobre la cultura afro-esmeraldeña, ha escrito varios testimonios sobre personajes populares ecuatorianos y es coautor de un libro sobre el Caso Restrepo.

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