EcoLaMancha

diciembre 14, 2007

INUNDACIONES EN SANTIAGO Y REP. DOMINICANA

Archivado en: Emergencias inundaciones, FLORA — miguelangelgallego @ 12:53 am

noviembre 30, 2007

COMPROMISO DE PROTEGER LOS BOSQUES

Archivado en: FLORA — miguelangelgallego @ 1:10 pm

¡ NÓ A LA TALA ILEGAL !

Archivado en: FLORA — miguelangelgallego @ 12:50 pm





Por Néfer Muñoz*

SAN JOSE, 5 Ago. – Las comunidades campesinas pobres serán las más dañadas por la ausencia de bosques, que son devorados a un ritmo de 44 hectáreas por hora en Mesoamérica, región comprendida por América Central y los estados meridionales de México, advirtieron expertos.

De hecho, la deforestación ya afecta a la población mesoamericana, 34 millones de personas que llegarán a 45 millones en diez años. La mayor parte de esos nuevos ciudadanos habitará en zonas rurales empobrecidas, donde la necesidad empuja a cortar árboles para sobrevivir, agravando la vulnerabilidad ambiental.

Las tierras de Tiburcio Hernández –un campesino de 45 años residente en la septentrional comunidad de Caliguate, Nicaragua— no producen nada desde 1998 por la sequía, agravada por la tala de árboles.

Hernández dijo a Tierramérica que los suelos quedaron debilitados después del paso del huracán Mitch, que provocó en 1998 la muerte de 10 mil personas y pérdidas económicas por 5 mil millones de dólares en América Central.

Desde entonces, Hernández no tuvo otra alternativa que sembrar yuca, una variedad de mandioca. Los pobladores de la zona “le deben la vida a organismos no gubernamentales que respondieron en auxilio de las familias que casi mueren de hambre”, sostuvo.

Otra nicaragüense, María Amparo Sánchez, del septentrional departamento de Nueva Segovia, también relató a Tierramérica sus padecimientos por la infertilidad de la tierra.

Sánchez y sus vecinos de la comunidad de Santa María no obtienen cosechas de granos desde hace cuatro años, y se ven obligados a subsistir con mangos y harina del árbol de guapinol.

Miles de familias de la región se encuentran en esta situación, derivada de la deforestación que multiplica el efecto de los desastres naturales y profundiza la erosión de los suelos, sostienen expertos.

Los incendios, la tala ilegal y la explotación irracional de la naturaleza provocan una reducción de 400 mil hectáreas de bosques por año, y si la tendencia no se revierte, en 2015 éstos habrán desaparecido, según los registros científicos del Corredor Biológico Mesoamericano (CBM), una iniciativa para restaurar la valiosa cadena boscosa de la región.

“La situación es francamente grave”, dijo a Tierramérica el ingeniero forestal costarricense José Joaquín Campos, uno de los expertos latinoamericanos más respetados en la materia.

La principal causa del fenómeno es cultural, sostuvo Campos, quien trabaja para el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza.

“No hemos dado al bosque el valor económico que tiene. Debemos entender que cada árbol brinda a la sociedad servicios ambientales que tienen un costo”, apuntó.

Según estimaciones independientes, la mitad de los árboles que se cortan en América Central corresponden a tala ilegal.

La desaparición de bosques es también pérdida de diversidad biológica. Aunque constituye apenas 0,5 por ciento de las tierras no sumergidas, Mesoamérica posee 7 por cierto de la biodiversidad del mundo.

En países como Honduras, donde la tala consume 80.000 hectáreas de bosques al año, algunos elementos agravan aún más el panorama, aseveró a Tierramérica el especialista hondureño Rigoberto Sandoval.

Por ejemplo, la ausencia de un ordenamiento territorial que permita conocer las formas de tenencia de la tierra, y la débil estructura institucional, incapaz de dar respuesta a las necesidades del bosque.

Sin embargo, hay iniciativas en marcha para revertir el fenómeno, aunque el cambio cultural tomará años, coinciden ecologistas y científicos.

“Los esfuerzos por valorar el bosque ayudarán a detener las altas tasas de deforestación”, aseguró a Tierramérica Mauricio Castro, secretario ejecutivo de la regional Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo.

Para frenar la pérdida de bosques se necesita que los países adopten decisiones políticas y económicas y un programa de educación, sostuvo Castro.

“En los tres temas estamos avanzando, ya los países reconocen que deben trabajar armonizados pues nuestros bosques representan una continuidad de la naturaleza”, añadió.

Para algunos ambientalistas los esfuerzos no alcanzan. Pero en Costa Rica, Guatemala y Panamá hay iniciativas novedosas. Una de ellas es el sistema de pago por servicios ambientales implementado en Costa Rica, cuyo Estado paga a los propietarios privados de bosques a cambio de que los conserven.

“Soy un defensor de este esquema pues creo que sí funciona”, aseveró a Tierramérica Juan Figuerola, ecologista del Grupo de Bosques de la Federación Costarricense para la Conservación del Ambiente.

La remuneración por servicios ambientales funciona en tres modalidades: por reforestación, por manejo sustentable de bosques o plantaciones forestales y por protección de bosques.

En cada categoría, los propietarios de tierras reciben una suma determinada de dólares por hectárea, si se comprometen a reforestar, a extraer madera de manera planificada y racional o a proteger los bosques por periodos de cinco a 15 años.

Con todo, esta política debe perfeccionarse y ha que eliminar la segunda modalidad, ya que pagar por extraer madera es un subsidio a la tala, advirtió Figuerola, coincidiendo con muchos grupos ambientalistas.

El principal paso hacia la recuperación del bosque, a juicio de los expertos, es que la cuestión está entre las prioridades políticas y de la sociedad civil de la región.

* El autor es corresponsal de IPS. Colaboraron para este artículo Nohelia González/Nicaragua, y Thelma Mejía/Honduras

NOS QUEDAMOS SIN BOSQUES EN CENTRO AMERICA

Archivado en: FLORA — miguelangelgallego @ 12:13 pm

Ciudad de México, México —

El Ajusco (Sierra del Ajusco-Corredor Biológico Chichinautzin) es la segunda zona más afectada por la tala ilegal en el Gran Bosque de Agua, detrás del Parque Nacional de Lagunas de Zempoala. Greenpeace detectó y documentó 55 sitios, en una superficie de 2 mil 700 hectáreas de bosque, afectados por bandas de talamontes.

Mediante sobrevuelos y recorridos por tierra, Greenpeace detectó y documentó 55 puntos de afectación con evidencias claras de tala ilegal: árboles tirados, restos de árboles (tocones), copas tiradas (son consideradas “desperdicio”), así como tablas, aserrín y pedacería de madera.

“La tala ilegal en la zona está fuera de control. Durante nuestros recorridos escuchamos las motosierras trabajando y observamos a los camiones cargados de madera aserrada para llevarla a aserraderos y lugares de distribución, a plena luz del día.

Tal parece que, al igual que en Lagunas de Zempoala, las bandas de talamontes aprovechan los conflictos de tierras y la falta de definición de las autoridades para actuar en estas zonas con total impunidad”, explicó Héctor Magallón, coordinador de la campaña de bosques y selvas de Greenpeace.

Las imágenes obtenidas por Greenpeace durante los recorridos muestran que los parajes más afectados por la tala ilegal son: Xalatlaco, Estado de México (a lo largo del camino de terracería que va de la carretera Ajusco-Xalatlaco a El Capulín, Estado de México); en los alrededores de la comunidad de Agua Cadena y El Capulín; en Santo Tomás y San Miguel Ajusco, en Tlalpan, Distrito Federal (zona boscosa del volcán Quepil y del volcán Malacatepec, Casa Blanca y las faldas del volcán Ajusco).

La madera producto de la tala ilegal es transportada principalmente a aserraderos en San Miguel y Santo Tomás Ajusco, en camiones con capacidad hasta de tres toneladas. Sin embargo, Greenpeace constató que parte de esta madera ilegal va a los aserraderos de Tres Marías y Huitzilac, Morelos.

“La tala ilegal en esta zona está afectando a distintos ecosistemas, como bosques de pino, bosques de oyamel y bosques de pino con vegetación secundaria. Por si esto fuera poco, se da en zonas catalogadas como de alta y moderada importancia para la recarga hidrológica, por lo que pone en riesgo la principal fuente de agua de la ciudad de México. A pesar de la anunciada política de `cero tolerancia´ de Felipe Calderón, las bandas de talamontes continúan operando en la zona.

Por esto, hacemos un llamado al presidente a encabezar una estrategia integral de combate a la tala ilegal en toda la zona, en coordinación con los tres estados involucrados: DF, Morelos y Estado de México. Si no actuamos ahora, vamos a perder el Gran Bosque de Agua en los próximos 50 años”, concluyó Magallón.

Greenpeace.México

La situación en República Dominicana:

El proceso de deforestación es progresivo y ni las autoridades ni una mas responsable conducta de los ciudadanos la evita.

No vale decir que la desaparición de la foresta, produce influencias negativas en el régimen de lluvias, ni que la erosión aumenta y que el agua que tiene muchas menos retenciones, produce mas fácilmente en períodos de ciclones, inundaciones, arrastres, provocando tragedias como la reciente de la Tormenta Noel…

En las comunidades rurales, todos conocen la figura del “leñador”, que se ocupa de cortar lo que sea, para ganarse unos pesos, sea una palma, caoba, roble o lo que sea.

En cierta ocasión traté de influir en uno de estos personajes que acaban con todo, y su familia me decía que llevaba toda su vida con esa actividad y que no sabía hacer otra cosa para llevar el sustento a los suyos…

Trágico y triste.

La incultura y la miseria, no favorecen muchas opciones para la rehabilitación de estas gentes…

¿Y yo me pregunto? Un programa amplio de reforestación, y planificación sostenible de las talas, implicando a estas gentes, ¿no sería una opción?

Narcotráfico y deforestación son a nuestro juicio los mayores desafíos para el desarrollo regional.

Comenta: Prof. Dario Pozo

noviembre 24, 2007

VIDEO SOBRE EVOLUCION FORESTAL

Archivado en: FLORA — miguelangelgallego @ 3:40 am

noviembre 19, 2007

EL BOSQUE HUMEDO EN REPUBLICA DOMINICANA

Archivado en: FLORA — miguelangelgallego @ 1:59 am

Bosque húmedo Subtropical (bh-S)

Las zonas de esta formación se extiende por los valles agrícolas más importantes que se encuentran en el país.

En la región Norte, el bosque húmedo Subtropical cubre los valles cuyos ríos desembocan en el Océano Atlántico.

Estas áreas se extienden, desde el nivel del mar hasta los 500 metros, por el norte de las vertientes de la Cordillera Septentrional. Esta zona de vida continúa por la vertiente sur de esta cordillera, cubriendo gran parte del Valle Oriental del Cibao y los valles que se unen con la parte baja de la cuenca del río Yuna.

En la península de Samaná, cubre principalmente los terrenos desde la costa hasta los 400 m. En la parte noroeste se extiende por el sur de Dajabón, abarcando los valles formados por los afluentes del río Yaque del Norte, a elevaciones desde los 400 m hasta los 800 m.

En la región del oeste cubre los valles de los tributarios del río Artibonito, por la margen izquierda, extendiéndose desde las vertientes septentrionales de la Sierra de Neyba hasta las meridionales de la Cordillera Central.

En la región Suroeste se extiende por las estribaciones meridionales de la Sierra de Neyba, a elevaciones que varían desde los 400 m hasta los 800 m. En las vertientes de la Sierra de Bahoruco cubre fajas angostas entre el bosque muy húmedo Subtropical y el bosque seco Subtropical o su zona de transición a bosque húmedo; las elevaciones varían desde el nivel del mar (Barahona) hasta los 700 m.

En el sur de las vertientes de la Cordillera Central cubre los valles de los afluentes de la cuenca del río Yaque del Sur y de los ríos Ocoa, Nizao y Haina. En la región Sureste, abarca prácticamente todo el Llano Costero del Caribe, entre San Cristóbal, las vertientes sur de la Cordillera Oriental y San Rafael del Yuma. También comprende porciones de los valles angostos que se encuentran en las vertientes norte y este de la Cordillera Oriental.

En esta zona de vida las condiciones ecológicas son el resultado de un sistema climático complicado, influido principalmente por la presencia de los anticiclones subtropicales y la dirección de los vientos alisios, que en la mayor parte del año son dominantes.

El anticiclón que tiene efectos variables y temporales es de origen continental, mientras que el anticiclón de efectos permanentes es de origen oceánico. El período en que las lluvias son más frecuentes corresponde a los meses de abril a diciembre, variando en intensidad según la situación orográfica que ocupan las áreas de esta zona de vida.

Las precipitaciones generalmente empiezan después que el anticiclón continental deja de tener influencia, dando origen a condiciones de inestabilidad atmosférica sobre la isla. Por otra parte, a partir de abril los vientos alisios que soplan del Este vienen cargados de humedad, que al pasar por la isla da orígen a lluvias, tanto convectivas como orográficas.

Las zonas que están situadas en la parte media occidental tienen un patrón de lluvia que va disminuyendo desde 1,500 mm hasta los 1,000 mm como promedio total anual y las zonas que están situadas en la parte media oriental tienen un patrón de lluvia que va aumentando desde los 1,500 mm hasta los 2,000 mm como promedio total anual. La temperatura de esta zona de vida es variable, según la ubicación de las áreas. En los lugares cercanos a la costa y abiertos la biotemperatura media anual es de 23° a 24 °C; en los lugares de mayor elevación o próximos a las vertientes de las cordilleras la biotemperatura media anual es de 21° o menos.

La evapotranspiración potencial puede estimarse en promedio como 20% menor que la precipitación media total anual. En esta zona de vida una cuarta parte del agua de lluvia no es evapotranspirada y se pierde por escurrimiento, principalmente en los meses de mayor precipitación. La vegetación natural original de esta formación estaba formada por bosques de regular tamaño de los que muy poco queda, por haber sido talados en su mayor parte para utilizar los terrenos en agricultura.

La vegetación natural conservada está formada por pequeños rodales de segundo crecimiento distribuidos aisladamente en los potreros o a orillas de los ríos.
Palma real Las principales especies indicadoras que ayudan a identificar esta zona de vida son el roble (Catalpa longissima), especialmente en los terrenos bien drenados, y la caoba (Swietenia mahagoni), una especie muy característica de esta zona de vida.

En los lugares donde los terrenos provienen de rocas calcáreas es común la palma real (Roystonea hispaniolana). La vegetación de los pequeños rodales secundarios está constituida principalmente por especies de Juan Primero (Simaruba glauca), anón de majagua (Lonchocarpus pentaphyllus) y jagua (Genipa americana), mientras las especies más comunes en el Llano Costero del Caribe y las vertientes de la Cordillera Septentrional son guaraguao o grigrí (Bucida buceras), yaya (Oxandra lanceolata) y amacey (Tetragastris balsamifera).

Los árboles aislados pertenecen ante todo a las especies de fustete (Chlorophora tinctoria), común en las zonas de Luperón, Imbert y Villa Isabel; campeche (Haematoxylon campechianum), propio de Puerto Plata y alrededores de Santiago; lirio (Hippeastrum puniceum), común en los suelos calcáreos de San Pedro de Macorís; caracolí (Pithecellobium glaucum), propio de Enriquillo, Barahona y Azua; guácima (Guazuma ulmifolia) y palo de leche (Rauwolfia nitida), comunes en el Llano Costero del Caribe y Procurrente de Barahona; penda (Citharexylum fruticosum) y córbano (Pithecellobium berterianum), común en las zonas de San José de las Matas, Santiago, La Romana y Barahona.

La vegetación de las sabanas o terrenos con suelos superficiales se caracteriza por la presencia de los arbustos peralejo (Curatella americana), hojancha (Coccoloba pubescens), memiso (Trema micrantha) y roble (Tabebuia spp.). Las zonas que tienen terrenos marginales y precipitaciones próximas al bosque seco Subtropical se caracterizan por la presencia del cajuil (Anacardium occidentale). La vegetación de zonas pantanosas y manglares está formada principalmente por especies de drago (Pterocarpus officinalis), higo (Ficus spp.), mangle colorado (Rhizophora mangle), mangle prieto (Conocarpus erecta), mangle (Avicennia nitida) y mangle blanco (Laguncularia racemosa).

La regeneración natural de las especies nativas se produce fácilmente por la humedad existente en el terreno. Las especies de esta zona de vida en general son de un crecimiento moderado. Los terrenos de esta zona de vida, desde el punto de vista climático, son los más adecuados para el desarrollo de las actividades agropecuarias, por la combinación óptima de temperaturas y lluvias. En estas zonas se encuentran situados los centros poblados de más alta densidad demográfica.

Las actividades básicas de la mayor parte de la población son la agricultura y la ganadería. Por esas mismas condiciones climáticas, la población rural de estas zonas ha prosperado mejor que la población de cualesquiera otras zonas de vidas.

Bosque muy húmedo Subtropical (bmh-S)

Las zonas de esta formación se extienden principalmente entre las vertientes de las cordilleras Septentrional, Central y Oriental. Muchas de las áreas cultivadas del bosque húmedo se extienden hasta esta zona, lo cual dificulta algunas veces establecer el límite entre estas dos formaciones. Esta zona de vida generalmente colinda con las zonas de vida bh-S y bmh-MB.

En la región norte abarca principalmente los terrenos accidentados de la Cordillera Septentrional.

En la parte noreste ocupa el Promotorio de Cabrera, extendiédose hasta el nivel del mar.

En la Península de Samaná, se extiende desde los 200 metros de altura hasta las mayores elevaciones que existen en esta península.

En el Este, esta formación ocupa las vertientes de mayor elevación de la Sierra de Yamasá y la Cordillera Oriental. En el extremo este de la Cordillera Oriental se extiende sobre terrenos ligeramente accidentados hasta el nivel del mar.

En la parte sur y este de la Cordillera Central ocupa los terrenos que bordean los afluentes de los ríos Yuna, Nizao, Haina y Ozama. En la parte norte y oeste se extiende por los terrenos de los afluentes de los ríos Yaque del Norte, Dajabón y Artibonito.

Las condiciones climáticas correspondientes a esta zona de vida son variables por las influencias de los anticiclones y los vientos alisios que atraviesan el país. El régimen pluviométrico que tiene esta zona de via es parecido al del bosque húmedo Subtropical, a excepción de las lluvias orográficas más intensas. Estas lluvias, por ser de mayor duración, influyen principalmente en la composición de la flora y en la fisionomía de la vegetación.

El patrón de lluvia para esta formación varía desde 2,200 mm hasta los 4,400 mm en promedio. La temperatura de esta zona de vida varía según la ubicación de las áreas. Las que están cerca de la costa tienen como biotemperatura media anual 24 °C. Sin embargo, las zonas que están en las vertientes de las cordilleras tienen biotemperaturas medias que disminuyen hasta los 18 °C.

La evapotranspiración potencial puede estimarse, en promedio, en 60% menor a la precipitación media total anual. En esta zona de vida las 3/5 partes del agua de lluvia se pierde por escurrimiento, dando origen a que los ríos lleven agua durante todo el año. Los terrenos de esta zona de vida, en su mayor parte, son de topografía accidentada. La elevación varía desde el nivel del mar hasta los 850 metros de altitud.

Las principales especies que ayudan a identificar a esta zona de vida son el guaraguao (Buchenavia capitata), especialmente en las cordilleras Septentrional y Oriental; y, de una manera general, el sablito (Didymopanax morototoni), el peralejo o madroño (Byrsonima spicata) y el aguacatillo (Alchornea latifolia).

La vegetación natural de esta zona de vida está constituida principalmente de las siguientes especies: membrillo o almendrito (Prunus myrtifolia), en las áreas con bosques de Los Haitises y vertiente norte de la Cordillera Central; mara o baría (Calophyllum brasiliense), cocuyo (Hirtella triandra) y cabirma (Guarea guidonia), en las áreas con bosque cerca de Jarabacoa, alrededor del pico Isabel de Torres, Península de Samaná y las vertientes de la Cordillera Oriental; palo de yagua (Casearia arborea), propio de las áreas que están cerca de Barahona y Nagua; algarrobo (Hymenea courbaril), común en las áreas de los alrededores de Bonao, La Vega y Miches; balatá (Manilkara domingensis), común en las áreas de la Península de Samaná y vertientes de las cordilleras Septentrional y Oriental; y la palma manacla (Prestoea montana), que aparece en los bosques con determinada clase de suelos.

Otra de las especies comunes es el pino (Pinus occidentalis), especialmente en los suelos lateríticos. Las condiciones climáticas que reúne esta zona de vida son favorables para una regeneración natural fácil y para un rápido crecimiento de las especies.

En términos generales, los únicos terrenos que pueden utilizarse para agricultura intensiva son los suelos de origen aluvial muy fértiles, cuyo uso es económico solamente si las especies cultivadas rinden cosechas altamente remunerativas. Los terrenos con suelos poco profundos y pendiente moderada son los más convenientes para cultivos perennes tales como cacao, caucho, ciertos árboles frutales subtropicales y, en menor proporción, café.

Bosque pluvial Subtropical (bp-S)

La ubicación de esta zona está relacionada con la posición fisiográfica que ocupan dentro del bmh-S. El área de mayor extensión se encuentra entre las nacimientos de los ríos Masipedro y Jima, alrededor de la loma Casabito. Otras zonas pequeñas están localizadas en las cordilleras Oriental y Septentrional. La mayor precipitación que reciben estas zonas proviene, sin duda alguna, de las lluvias orográficas.

La evapotranspiración potencial puede estimarse, en promedio, en 75% menor que la precipitación media anual. En esta zona de vida las 3/4 partes o más del agua de las lluvias que caen discurren por los ríos, lo que da lugar a que éstos lleven agua todo el año. La topografía de los terrenos, en su mayor parte, es accidentada. La elevación varía desde los 400 hasta los 850 metros de altitud.

La vegetación natural está constituida por árboles, que se caracterizan por estar cubiertos de plantas parásitas y epífitas. Entre las principales especies indicadoras se encuentran el helecho arbóreo (Cyathea spp.) y el lirio (Linociera spp.). En esta zona de vida las especies nativas tienen un crecimiento mucho más rápido que las especies del bmh-S y poseen una regeneración natural abundante.

Desde el punto de vista agrícola, ganadero y forestal, los terrenos de bosque pluvial Subtropical no tienen ningún valor debido a la excesiva humedad. Los terrenos de esta zona de vida necesariamente tendrán que estar cubiertos con su vegetación natural, como un medio de controlar el escurrimiento de las lluvias y la erosión de los suelos.

noviembre 18, 2007

INVESTIGANDO LA RESERVA DE ÉBANO VERDE

Archivado en: FLORA — miguelangelgallego @ 3:00 am
RECURSOS NATURALES Y MEDIO AMBIENTE
El 30 de Diciembre de 2005
LA REPÚBLICA DOMINICANA FUE CARTOGRAFIADA POR PRIMERA VEZ POR UN GRUPO DE INVESTIGADORES DE LA UNIVERSIDAD DE JAÉN (ESPAÑA)

El pasado mes de febrero comenzaba la aventura de un grupo de investigadores de la Universidad de Jaén (UJA), cuyo objetivo no era otro que cartografiar por primer vez la vegetación de la Reserva Científica de Ébano Verde en la República Dominicana, gracias a un proyecto que les había concedido la Agencia Española de Cooperación del Ministerio de Asuntos Exteriores.
Ro Córdoba
Bosques de ébano verde y palo de viento

Seis científicos del grupo de investigación ‘Recursos Botánicos’ de la Universidad de Jaén (UJA) han puesto rumbo, de manera escalonada, hacia tierras dominicanas, con el propósito de realizar un estudio sobre la flora y la vegetación de un territorio protegido como es la Reserva Natural de Ébano verde al noreste de la Cordillera Central. “De esta manera, se ampliarán los estudios florísticos y de vegetación de esta zona”, explica Antonio García Fuentes, responsable del proyecto, y es que hasta el momento no se había realizado en el lugar un estudiozona de estas características.

Una vez que se tengan todos los datos a punto, el grupo de Jaén elaborará un mapa biogeográfico del país, que presentará al Ministerio de Asuntos Exteriores. Se trata de realizar un mapa a escala 1:250:000 con las zonas biogeográficas de España, es decir, delimitar los territorios que guardan una similitud en cuanto a vegetación, geología, paisaje y usos del terreno, explica Antonio García Fuentes, responsable del proyecto. En el mes de diciembre se espera que haya un avance de este mapa, que contribuirá a aportar información sobre los recursos naturales del país, a planificar repoblaciones y planes de reforestación y a aprovechar los recursos agrícolas.

Especies desconocidas

De las conclusiones del estudio que ha llevado a cabo del grupo de Jaén se desprende que se trata de especies totalmente desconocidas, muy distintas a las que acostumbramos a ver, pues existen familias botánicas diferentes cuyo factor limitante no es el agua como en la vegetación mediterránea, sinola luz.

Helechales típicos de la zona, denominados calimetales

En esta cartografía destaca el “bosque nublado”, quees el bosque dominante en la zona, caracterizado por las altas precipitaciones anuales y por el dominio de dos especies de árboles: el Ébano verde (Magnolia pallescens) y el Palo de viento (Didimopanax trémulus).
Lo que se procura es la supervivencia de la especie endémica más característica de la zona, el Ébano verde, un árbol de madera preciosa, casi en extinción, capaz de alcanzar los 15 metros de altura.El llamado Palo de viento es otra de las especies más notables de la Reserva, que se caracteriza porque sus hojas se mueven constantemente al ritmo del viento.

Cuando el bosque nublado se altera aparecen los helechales típicos de la zona, que allí llaman calimetales, formados por Gleychenia bifica y Dicranopteris pectinata. A veces en el matorral aparecen helechos arborescentes, que en las latitudes mediterráneas de esta zona desaparecieron hace miles de años.

La Pinguicula casabitoana es otra de las especies endémicas que merece ser destacada. Es una planta carnívora, de pequeño tamaño que únicamente vive en el bosque nublado de Ébano Verde, aunque también podemos encontrarla en toda la Cordillera Central del País. Se creía extinta hasta que hace unos siete años fueron encontrados algunos ejemplares en un lugar llamado Casabito, que es una de las zonas más espectaculares de la Reserva, que puede ser visitada por el público.

Imagen de la planta carnívora Pinguicula casabitoana

Del estudio también se desprende la existencia de formaciones de manaclar en aquellas zonas de vaguada con una mayor humedad en el suelo y formaciones de riparias de caña brava que aún se están estudiando. La Reserva también incluye repoblaciones de pino hondureño (Pinus caribaea).Otro hecho a destacar es la circunstancia que se da cuando se producen incendios en las zonas en las que se halla este tipo de vegetación, y que hace difícil que se pueda recuperar el bosque, ya que el suelo es invadido por una vegetación dominada por helechos (Gleychenia bifida y Dicranopteris pectinata, fundamentalmente), que impide el desarrollo de las especies arbóreas y de matorral originales. Estos helechales se producen fundamentalmente cuando hay alteración por la tala masiva de árboles o por la pérdida de suelo.

Acciones paralelas

Al margen de este proyecto para el Ministerio de Asuntos Exteriores, el grupo Recursos Botánicos de la Universidad de Jaén ha aprovechado su visita a la República Dominicana para realizar campañas botánicas al norte y fundamentalmente al sur del país, cuyos resultados se recogerán en una publicación para una prestigiosa revista extranjera. Antonio García explica que en estas zonas existen especies posiblemente nuevas para la ciencia que desde el Jardín Botánico Nacional les están ayudando a determinar.

Más información:

Antonio García Fuentes, responsable del proyecto
Tfno: 953212790

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